La Escondida
 
 
 
 
   
 
   

Era un martes como cualquier otro, hasta que recibí una llamada de Juan Ordoñez, reconocido escritor de turismo de aventura para invitarme a realizar una travesía por una zona muy poco conocida en la zona de Iturbide, Nuevo Leon. Al mencionar Iturbide lo primero que pensé fue que íbamos a una zona montañosa, pero muy árida ya que en varias ocasiones habíamos pasado por la cabecera de ese municipio al dirigirnos a Galeana a hacer los famosos recorridos del Pozo del Gavilán, el Potosí y Santo Poco. Realmente no sabia a lo que íbamos y mucho menos que esperar, el que ya había ido en diversas ocasiones era Juan, fue a reconocer la salida de cañón, la entrada y diversos puntos de la zona, la cual se la sabe mejor que los propios avecindados del área.

Partimos de Monterrey el miércoles a las 6:30 AM, una mañana muy húmeda ya que el día anterior había caído el agua que nos había faltado durante todo el verano. Al pasar los rios Ramos y Cabezones los vimos algo crecidos y revueltos, pero seguimos con la esperanza de encontrar el lugar apto para descender este nuevo cañón.

Al pasar Iturbide localizamos la brecha que nos llevaría hasta la humilde casa de Jose Reyes y Doña Rosa, pareja de ancianos que viven solos en aquel territorio que parecía lo habían arrancado de un cuento, lleno de verdes pradera y rodeado de un bosque de pino y encino adornado de heno, el paisaje ya había hecho valer la vuelta hasta aquel lugar. Al vernos se llenaron de alegría y reconocieron a Juan, saludándolo eufóricamente.

A las 10 AM iniciamos a empacar nuestros back-packs llenándolos de herramienta para equipar los anclajes de los rappeles, cuerdas, comida, wet-suits y equipo de descenso. Al partir a las 10:30 por una vereda, me di cuenta de lo extenso y del potencial que ofrece aquel bello lugar. Yolanda Saro, quien compite en carreras de aventura y nos acompañaba en aquella ocasión, no paraba de mencionar lo hermoso del lugar, y algo que me llamo la atención es que dijera que ha viajado a muchos lugares del mundo y donde viene a encontrar los mejores parajes es en los cañones de Nuevo León, y eso que aún no entrábamos a las barrancas, faltando todavía lo mejor. Después de unos 20 minutos de haber iniciado, nos encontramos con una enorme entrada a una caverna, la cual quedara pendiente explorar ya que supuestamente tiene conexión con el sitio donde se hacer el primer rappel, esa será otra aventura que sin duda realizaremos en un tiempo no muy lejano. Seguimos avanzando y nos encontramos con el rugir de agua y un enorme salto de agua de no menos de 70 metros de altura, llegamos al pie de la cascada felices de estar allí, comenzaron los disparos, como ametralladora, de fotografías.

Nos preparamos para el primer rappel descendiendo por un lado de la caída de agua, es muy emocionante no conocer el lugar donde estas y saber que en toda la historia humana nunca nadie ha estado en este lugar. Instalamos el primer anclaje y decidí bajar primero, el lugar y la vista era espectacular, lo que no comprendía era como llegaríamos hasta el fondo del cañón en tan poco tiempo ya que el río se perdía a unos 700 metros debajo de donde nos encontrábamos.

icimos 6 rappeles mas cuando de pronto me dice Juan, “este es el grande”, aquí tenemos que equipar con taladro y maneral, yo no me imaginaba que nos esperaba, pero el fondo no se distinguía, era como ver una fotografía de un paraje tomado desde el aire. Y como era costumbre me mandaron a mi por la delantera que buscara un anclaje ya que la cuerda no iba a llegar hasta el fondo, ya que la cascada era de no menos de 180 metros, ¡Que, que???!, ciento ochenta metros!!! A mi nadie me lo había mencionado, y que la cuerda de 65 metros no llega? Solo pensé, bueno, lo peor que puede pasar es que me regrese, y estoy preparado para eso, o que instale un anclaje a mitad de la pared… al avanzar unos 5 metros del recién instalado anclaje, pude admirar la magnitud del lugar, todavía veía a Juan y me gritaba, “Busca un anclaje en un árbol a unos 15 metros de donde estas”, pero yo pensé, “pero si tengo tanta cuerda para que parar tan pronto”, bueno pensar en “tanta cuerda”, en esas proporciones era como llevar una cuerdita de bolsillo, porque solo avanzar 65 metros de 180, entonces me dije: voy a avanzar hasta donde llegue la cuerda, disfrutando del descenso como hace tiempo no lo hacia, con un poco de estrés y adrenalina, finalmente se termino la cuerda justo 1 metro sobre lo que seria nuestro próximo anclaje, un pequeño álamo incrustado entre las grietas de la pared.

Finalmente llegamos al fondo de la cascada haciendo 4 rappeles más y pudiendo admirar desde este punto lo que desde ahora seria la cascada registrada más alta de Nuevo Leon. Decidimos avanzar un poco mas saltando a posas de agua cristalina para ver lo que seria uno de los últimos saltos de agua, haciendo un rappel sobre la cascada. Conforme mas nos alejábamos de la enorme cascada, mejor se apreciaba el tamaño de aquel lugar, el cual pierde dimensión al verla completa.

Ahora solo faltaba salir del cañón y subir los mas de 500 metros que habíamos descendido para regresar el Jeep, fue una tarea que nos tomo lo que restaba de luz, pero estábamos preparados para hacer caminata nocturna, y no era la primera vez que lo haríamos, es una experiencia diferente, agradable y aventurera.

Los días posteriores no he podido dormir solo pensando en volver a este bello lugar y compartido con ustedes.

 

  Artículo cortesía: matacanes.net

Selecciona tu arículo favorito

La Garganta del Diablo
La Escondida